La epoca podrida

2 min

Aquí se relata la etapa más rebelde de Pablo, marcada por los cambios de actitud, las primeras libertades y el descenso en su rendimiento académico. Las malas decisiones lo llevaron a perder dos veces décimo grado y a enfrentar duras lecciones de responsabilidad a través del trabajo y la disciplina familiar.

Cambios disruptivos

Pablo llega a grado décimo con una realidad un poco alterada, creyendo que ya se encontraba cerca de su etapa de madurez. En este punto, sus comportamientos y actitudes empiezan a cambiar.

Comienza a asistir a fiestas de quince años, lo que lo hace sentirse grande. Junto a sus amigos empieza a frecuentar centros comerciales, y es allí donde comienza a conocer niñas y a tener sus primeros noviazgos. Así llega su primera novia, con quien no dura mucho tiempo, ya que ambos eran todavía muy inmaduros.

Durante esta etapa, y debido a todas estas nuevas libertades, su rendimiento académico empieza a bajar. Pablo pensaba que con solo pasar los exámenes en las materias era suficiente. Esta actitud termina llevándolo a perder su primer grado décimo.

Ante esta situación, sus padres se plantearon diferentes estrategias para castigar sus actos de rebeldía: le quitaron las salidas, revisaban sus cuadernos como si fuera un niño pequeño y, al final del año, lo pusieron a trabajar en un almacén de ropa en el centro de Neiva. Su labor consistía en invitar a la gente a entrar diciendo: “Pasen, sigan a la orden, todo barato, todo barato”. El dinero que Pablo ganó durante esa temporada no fue para su beneficio personal, sino que sus padres lo destinaron para comprar la ropa de diciembre, parte de los uniformes y algunos útiles escolares.

Pablo ingresa entonces a su segundo décimo, en la misma modalidad de profundización en ciencias naturales. Fue un año académico muy similar al anterior, ya que no lograba mejorar. Aconsejado muchas veces por su abuela, castigado por sus padres pero admirado por sus compañeros, Pablo continuó con su mal comportamiento y bajo rendimiento académico. Tenía el reconocimiento de muchas “amistades” y era considerado popular dentro y fuera del colegio.

En el primer período no mostró mejoras académicas, perdiendo varias materias. Su mamá asistía al colegio a preguntar por su rendimiento y sus notas con una foto en la mano, como si se tratara de alguien perdido… y en cierto modo, sí lo estaba, pero en el mal comportamiento. Llegó la entrega de notas y, aunque hubo una pequeña mejoría en el tercer período, sus padres no lo consideraron capaz de pasar el año. Decidieron retirarlo del colegio y, una vez más, Pablo fue puesto a trabajar en el mismo almacén del año anterior, repitiendo su ya conocido estribillo: “Pasen, sigan a la orden, todo barato, todo barato”.