Pablo empieza a mejorar
Aquí se cuenta cómo Pablo logró recomponerse académica y personalmente en su tercer décimo y grado once, gracias al apoyo de profesores y nuevas amistades. Entre aprendizajes, decepciones y liderazgo, consolidó su vocación por el Derecho y cerró el colegio con lecciones que marcaron su carácter.
Sentando cabeza y algunas bases
En su tercer décimo, Pablo ya tenía una novia que había conocido el año anterior en el colegio, con quien mantuvo una relación de dos años, incluso cuando inició el grado once. Al comenzar este nuevo año, Pablo enfrentó un reto muy grande: a pesar de su bajo desempeño académico y su indisciplina, había profesores que le guardaban aprecio. Fue así como el profesor de Educación Física, Daniel Manchola, y el profesor de Español, Ramón Serrato, hablaron con la psicoorientadora y lograron ubicarlo en la modalidad de Técnico en Electricidad, una profundización que el colegio tenía en alianza con el SENA.
Durante este año, Pablo conoció nuevas amistades: algunas con problemas académicos, de comportamiento y hábitos poco saludables, y otras con mejores actitudes. Entre todos lograron apoyarse mutuamente, ayudando a que él y otros dos amigos mejoraran en muchos aspectos de sus vidas. Así fortaleció lazos de amistad con “el Viejo Loco”, quien venía del año anterior de perder el curso y atravesaba circunstancias similares a las de Pablo. Fue Camilo quien, con su buen comportamiento, logró que ambos se reformaran sin perder su esencia. Aunque Pablo seguía siendo un poco indisciplinado, sus notas mejoraron considerablemente, lo que trajo alivio a sus padres.
Junto a estos amigos conformaron un grupo llamado Los Trips, integrado por cinco jóvenes: el Viejo Loco, Camilo “la Putarrona”, César “la Morronga”, Johan “el Negro”, Pascuas “Nascuas” y Pablo, a quien apodaban “el Huevo” por la forma de su cabeza. Los cinco se destacaban por una curiosa combinación: mal comportamiento en el sentido de ser recocheros y cantones, pero con notas que muchas veces superaban a las de estudiantes juiciosos como Pamela y Luisa, quienes no entendían cómo ellos lograban obtener mejores resultados académicos.
Así fue como Pablo inició su grado once y logró superar su mala racha. Durante este año sufrió una decepción amorosa, ya que su novia, quien lo había acompañado hasta ese momento, le fue infiel. Aunque se mostró afectado, no decayó ni en el colegio ni en otros aspectos de su vida. Para entonces, Pablo ya tenía claro su objetivo: quería ser abogado.
A pesar de todo, Pablo tenía cierto liderazgo. Muchos de sus conocidos le sugirieron que se postulara a la personería del colegio, ya que probablemente habría ganado, pero decidió no hacerlo, pues su pasado aún lo atormentaba un poco. Durante este año sintió una fuerte afinidad por la carrera de Derecho y la convicción de que podía ser muy bueno en ella, por lo que se esforzó en obtener un buen puntaje para ingresar a la universidad, alcanzando 322 puntos en las pruebas ICFES.
Aunque fue uno de los mejores puntajes del colegio, Pablo tuvo que graduarse por ventanilla. Esto ocurrió porque hizo llorar a la profesora Blanca, de Español, debido a una broma que le hicieron con un tote que, sin culpa y por desconocimiento, terminó haciendo estallar. Pablo habló con ella y, aunque solo le faltaban dos décimas para aprobar la materia, la profesora le dijo: —Yo le tengo aprecio, acepto sus disculpas, pero si yo no hago esto, usted nunca va a aprender.
Aquellas palabras dejaron un sinsabor, pero aún resuenan en su cabeza, y de alguna forma Pablo agradece esa lección, pues considera que hoy es una mejor persona. Al enterarse de la noticia, sus padres sintieron decepción, aunque lograron asimilar lo sucedido con el tiempo.