Infancia
Aquí se recorre la infancia de Pablo en Neiva, marcada por la convivencia con su abuela, la escuela, los juegos del barrio y los primeros sueños de vida. También se narran los cambios familiares, el breve traslado a La Dorada y el regreso definitivo a Neiva, así como la llegada de su hermano y las amistades que marcaron esos años.
Un paso por la etapa donde no se pagaban servicios y la vida era un poco más difícil
Su infancia comenzó en el barrio Santa Inés, en la ciudad de Neiva, donde vivió al menos 25 años de su vida. Mientras sus padres trabajaban, Pablo estudiaba en una escuela del barrio El Limonar, y su cuidado estaba a cargo de su querida abuela Arcadia Urriago.
Ella era la encargada de recibirlo cuando su papá se lo llevaba y también de acompañarlo a la escuela, donde estudiaba hasta las 2 de la tarde. Pablo recuerda que su abuela, en varias ocasiones, reconoció que era un niño muy ordenado: le gustaba tener todo en su lugar y siempre colgaba su uniforme al llegar de la escuela.
Se destacó por su buen rendimiento académico durante sus estudios en la escuelita El Limonar. En las tardes iba a la casa de su tía Aide, quien vivía al lado de la casa de su abuela, donde se dedicaba a hacer las tareas mientras escuchaba música de algunos CD que tenía su primo Jeison, Después de hacer sus deberes, Pablo jugaba con Daniel y Nicolás. También cuenta que muchas veces lo obligaban a dormir con la promesa de que al día siguiente irían a la pesebrera a ver y montar a caballo. Cuando se portaba mal, su abuela le pegaba con una varita que sacaba de un palo de mirto.
Para esa época, Pablo soñaba con ser médico y en alguna ocasión llegó a decirle a su abuela que encontraría la forma de que ella nunca se fuera de este mundo.
Por cuestiones de trabajo de su padre, la familia se trasladó a La Dorada, en el departamento de Caldas, donde vivieron aproximadamente ocho meses. Durante ese tiempo, Pablo hizo muy buenos amigos, en especial una niña llamada Alicia, quien tenía una historia muy triste: a su padre lo habían asesinado mientras estaba con ella en una tienda.
Tiempo después, Pablo y su familia regresaron a la ciudad de Neiva, ya que a su padre, quien estaba a cargo de la sucursal en La Dorada, le robaron toda la mercancía y comenzaron a recibir amenazas. En una ocasión, un amigo de César le pidió prestado el carro y fue víctima de un atentado cuando iba con su esposa, debido a que César había decidido tomar acciones para recuperar la mercancía. Por este motivo, la familia regresó definitivamente a Neiva.
Al volver, su madre quedó sin trabajo, ya que recién habían llegado a la ciudad, por lo que decidió hacerse cargo nuevamente del hogar y del acompañamiento de Pablo. Por esta razón, Pablo no continuó estudiando en El Limonar y los grados segundo a quinto los cursó en el colegio Gabriel García Márquez, que quedaba más cerca de su casa en el barrio Santa Inés. Allí hizo muy buenos amigos: Chato, Jaiber y Juanchito, quienes fueron sus compañeros durante esa etapa. Esto también permitió que retomara sus amistades en el barrio siendo Felipe y Arturo sus mejores amigos de toda la infancia.
Pablo tenía siete años cuando nació su hermano Juan Diego. Tenía mucha ilusión de compartir su infancia con un hermano, tanta que incluso tenía un muñeco al que decía que era su hermano… algo un poco loco y tal vez conmovedor.